La disfunción eréctil es un problema de salud generalizada entre los hombres y tiene una importante repercusión en la calidad de vida, así como en la de su pareja. Estos trastornos han sido más estudiados en los hombres que en las mujeres, debido seguramente, a la importancia simbólica que se le ha concedido al coito como única técnica sexual socialmente aceptada y valorada y al pene como el principal y único instrumento sexual para la relación sexual.

En el hombre se caracteriza fundamentalmente por la ausencia de erección del pene o por la pérdida parcial o total de dicha erección una vez conseguida. En la mujer se caracteriza por la ausencia de enrojecimiento de la vulva y lubricación o por la pérdida parcial o total de dicha tumescencia, una vez conseguida. No se recogen apenas casos de trastornos de la excitación en mujeres, salvo aquellos de causas orgánicas o en situaciones de menopausia o postmenopausia. De ahí que se haga una identificación entre trastornos de la excitación e impotencia masculina y que los estudios se enfoquen desde un criterio masculino.

Dentro de los factores físicos los más comunes son:

  1. Los vasculares. Son muy comunes y se deben a la falta de riego o a la incapacidad de atrapar la sangre en el pene. Los factores de riesgo en este caso son: fumar, hipertensión arterial, diabetes, enfermedades cardíacas y alteraciones en los niveles de colesterol.
  2. Neurológicos. En estos casos se produce una interrupción en el envío de mensajes del cerebro al pene. Generalmente son muy fáciles de identificar, por ejemplo, lesiones de la médula espinal, esclerosis múltiple o intervenciones quirúrgicas pélvicas ( cirugías radicales oncológicas).
  3. Hormonales. Son poco frecuentes y se deben, por ejemplo a una falta de hormonas sexuales masculinas.
  4. Medicamentos. Varios tipos de medicamentos, especialmente los utilizados para tratar la hipertensión, las enfermedades cardíacas y los trastornos psiquiátricos, pueden interferir con la capacidad de tener una erección

Entre los factores psicológicos destacar:

  1. Ausencia de información: Esta ignorancia, que en muchos casos es el único obstáculo a una buena actividad sexual; puede ser anatómica y fisiológica, pero en cualquier caso afecta tanto al placer  su recepción, a la entrega como al abandono.
  2. Información sexual errónea: la enorme cantidad de información de la que disponemos actualmente en algunas ocasiones en lugar de aclararnos puede dar lugar a confusiones o difunden muchos datos falsos que es preciso saber destruir cuando se presenta la ocasión.
  3. Evitación:Estos comportamientos inconscientes de evitar toda sexualidad pueden producir una gran ansiedad y una culpabilidad ligadas al placer. Dedicar poco tiempo a la relación sexual, rehuir toda caricia que podría ser excitante, orientar exclusivamente la relación hacia la consecución del orgasmo, son ejemplos de comportamientos destinados a evitar la ansiedad. Estas conductas pueden igualmente traducir una hostilidad inconsciente hacia el otro miembro de la pareja
  4. Mala comunicación. La vergüenza, el miedo a ser mal entendido, el temor ser considerada como una viciosa, el temor al rechazo del otro, el sentimiento de no ser normal… todas estas cosas hacen que la pareja no desarrolle una comunicación clara sobre sus respectivos procesos sexuales. Esta ausencia de comunicación empobrece mucho y contribuye en gran medida a hacer poco o nada placenteras las relaciones; muchas veces, la falta de comunicación no es el origen del trastorno sexual, que puede tener otras causas, pero contribuye a agravar la dificultad y la ineficacia de la estrategias que se empleen para su solución y, por tanto, a mantener una situación de insatisfacción.
  5. Ansiedad: por miedo al fracaso, por la creencia o un sentimiento de obligatoriedad por conseguir resultados o satisfacer a la pareja o  una hipervigilancia durante las relaciones íntimas.

En la actualidad los estudios independientes nos indican un porcentaje alrededor de un 30% causada por factores psicológicos y un 70 % por factores físicos ( enfermedad , lesión o efectos secundarios de medicamentos o sustancias).Este porcentaje cambia cuando el paciente tiene menos de 40 años siendo a la inversa, es decir 70% por causa psicológica y un 30% por causas físicas anteriormente descritas, por lo que la terapia psicológica resulta de gran efectividad cuanto antes se intervenga.

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